Kart Marx en uno de sus tantas críticas con el mundo económico, social y político, busca encontrar una de las causas por lo que existe la ceguera colectiva para - a su vez - mostrarnos el pensamiento que tiene con respecto a la religión en un ensayo llamado: De la Crítica del Cielo a la Crítica de la Tierra (que se encuentra dentro de: Crítica de la Filosofía Especulativa, que a su vez está integrada en un título mayor llamado El Fundamento de la Crítica).
Pues en este ensayo, Marx, escribe: “La religión es la queja de la criatura en pena, el sentimiento de un mundo sin corazón y el espíritu de un estado cosas embrutecidos”
En esta pequeña frase, Marx, trata de interpretar y refutar a la religión como mera religión, de anular la doctrina y a sus seguidores, de entrar en una razón que puede estar causando una niebla que no deje ver, nítidamente, al hombre.
Párrafos tras párrafos, buscando la verdadera religión, Marx, da por terminado su ensayo, concluyendo que la religión: “Es el opio del pueblo”La religión, para el filósofo, es el opio del pueblo. Lo que lleva a pensar que la religión – como conjunto de dogmas y creencias – es lo que al hombre lo hace ciego, por lo que no lo deja ver la verdadera situación por la que atraviesa el mundo tanto económico como político y socialmente. Lo hace que no mire más que la niebla que está a un metro de él. Tema polémico para creyentes y seguidores de todas las religiones.
Y sin desviar el asunto, analizando más a fondo este tipo de crítica y reflexión, también, llegamos a la conclusión de que – tanto como ahora – en aquellos tiempos ya se vivía la miseria religiosa, ya se vivía la gran hipocresía. Hipocresía en la propia religión, lo que se trata de interpretar como una simple vía de ganar dinero a través del sufrimiento o la situación del prójimo (lo cual está totalmente en contra de la doctrina cristiana): una demagogia en el orden eclesiástico.
Y la verdad es que el 80% de los “seguidores fieles” de alguna religión (católica, evangélica, mormona, adventista, etc.), no son más que charlatanes, que buscan un beneficio propio, se alejan de la pobreza y sólo se interesan por ellos.
Citemos ejemplos, porque todo tiene que ser argumentado o demostrado.
Existen personas que tienen el máximo poder, la máxima autoridad, quienes su palabra tienen que ser puesta en práctica, y a quienes se le debe el máximo respeto, con esas personas deberíamos iniciar. Me refiero al Papa Benedicto XVI (Joseph Ratzinger)- hombre que tiene autoridad casi absoluta sobre todo los cristianos, sobre todos los países tanto católicos como los que no lo son- y sin embargo no hace siquiera alguna obra que contribuya al beneficio del prójimo. Pero, en cambio, quién fue la gran Madre Teresa de Calcuta. Nada más y nada menos que la fundadora de la orden de las Misioneras de la Caridad, quien – merecidamente también – llevó el Premio Nobel de la Paz, una de las mujeres más carismáticas que ha pisado tierra, una mujer que teniendo un gran capital se inclinó por la verdadera ayuda colectiva. Quien a sus 38 años se dedicó a cuidar enfermos. La Madre que contribuyó a la creación de la Casa de Moribundos Indigentes Nirmal Hriday (más conocido como Corazón Puro). Que fue beatificada, por el mismo Juan Pablo II, el 2003 en Roma.
Esto son algunas de las obras que realizó nuestra Madre Teresa de Calcuta.
Una mujer, indiscutiblemente, digna de admirar.
Desde un punto de vista propio, nosotros deberíamos tener claro algunos conceptos entre verdadera religión y miseria religiosa.